Desafío analógico 2020

—Nueva edición: 24 de febrero al 18 de marzo—

Por 5º año consecutivo, juguemos a registrar lo cotidiano.


Bellezas, 

os quiero contar cómo nació este desafío creativo que hemos estado sosteniendo en comunidad por cinco ediciones. En el año 2016 encontré por mi casa una cámara analógica que alguien se había olvidado allí una vez y recordé la sensación que me producía hacer fotos con ella. Cada toma era única. Cada exposición, además, era un misterio hasta que la película se llevaba a revelar. Cada película se convertía en la posibilidad de una narración, aparte de ser el registro de una cotidianidad muy pura. Aquel invierno compré un carrete y salí a caminar por mi valle con el fin de tomar una sola fotografía diaria. Quería salvar un solo instante. Cuando había tomado diez imágenes, la cámara cayó al suelo y el carrete salió disparado de su interior. También hay historias, narraciones, registros, que permanecen velados y silenciosamente desaparecen. 

Aquellos sucesos me llevaron a reflexionar sobre nuestro papel, en este siglo XXI tan veloz y tan expuesto a las modas y tendencias, como coleccionadores de instantes. Llevar esa cámara conmigo era de por sí un desafío: me obligaba a la presencia, a recorrer los mismos caminos día tras día, a recorrer mi casa, mi pequeño mundo diario, con el objetivo de encontrar lo extraordinario en lo ordinario. Era un ejercicio de observación y de vida.


Entonces pensé mucho en lo que significaba «hacer» una fotografía, y no «sacarla» o «tomarla». En lo que significaba crear a través de la luz un mundo simultáneo que dejase testimonio de lo que desaparece. Recordé las fotografías de cuando C y yo patinábamos en el paseo marítimo de Barcelona, llenas de grano, sobre expuestas, siempre con un encuadre fijo de 35mm, recordé el cine de la Gran Vía con luz de mañana, esas fotos nocturnas llenas de luces desconocidas. Ahora también recuerdo otras fotografías que me han emocionado y que nacieron de ese hacer simultáneo entre el arte, la memoria y la vida. Las fotos de G, siempre oníricas, los faros de C en su isla, las fotos de infancia. Lo analógico va perdiendo lugar en nuestro día a día, la velocidad lo conquista todo. Lo analógico es también anacrónico, una forma de arte que está a punto de desaparecer. 


 La propuesta de este desafío es recuperar nuestra mirada analógica por 24 días consecutivos.
Esto, claro, es una metáfora: podemos usar la tecnología móvil y las herramientas de hoy en día para jugar, siempre procurando que nuestra actitud sea la del buscadorx que sabe que solo puede registrar un solo momento de su día. Volver a la mirada analógica significa representar en una sola imagen la vivencia completa. Hacer un resumen de luz y palabra de lo que pronto desaparecerá para guardarlo, para que no se vaya.


Este es el 5º año que jugamos al desafío analógico. Lo que comenzó como una reflexión personal y una invitación a unas pocas, con el tiempo se ha ido convirtiendo en una tradición entre una comunidad grande de mujeres (y algunos hombres). El desafío analógico es una cita anual para volver a encontrarnos con los universos de lxs otrxs que están ahí, mirando el mundo al mismo tiempo que nosotrxs, pero guardando de él algo diferente. El desafío analógico en estos cuatro años se ha convertido en una celebración, en un rito de paso hacia el comienzo de la primavera y del otoño. En un recordatorio de lo que podemos hacer que se quede con nosotras. Cada año, alguien dice: «¿vamos a jugar esta vez al desafío?», dejando claro que esto es algo que nos trasciende y nos une.


 Aprovechemos estos 24 días para reflexionar sobre el valor del instante, sobre la memoria, sobre lo que somos (y no sobre lo que decimos que somos), sobre los cambios imperceptibles de estos ciclos que nos acompañan desde la naturaleza. Aprovechemos para reflexionar sobre la presencia, la percepción, la escucha. Aprovechemos para leernos entre nosotras, pero también para saber desconectar de las redes un ratito por día y dedicarnos a escribir. 


Abrazos fuertes y bienvenidas de nuevo.